Adicciones

Al hablar de adicciones nos referimos a patrones de conducta basados en la dependencia. Donde un sujeto queda “atrapado” en una relación con un objeto con la expectativa que en dicha pauta relacional y/o en ese objeto podrá saciar su deseo. Tal expectativa puede que se cumpla –por así decirlo- en un primer momento. Esto es lo que dá pié a seguir buscando… y se busca en el lugar equivocado. Nunca más la misma acción tendrá aquél resultado. Se busca afuera lo que se debe encontrar en el adentro, en el interior de uno y a sabiendas que, aún encarando bien la búsqueda, siempre quedará un resto de insatisfacción…

Nos referimos a un OBJETO, en tanto las relaciones de dependencia no se establecen sólo con sustancias psicotóxicas. Se puede ser ADICTO a cualquier cosa: sean objetos, conductas, personas y también drogas. Por tal razón, lo que importa es el mecanismo subyacente, el “¿para qué?”, ¿qué busca ese sujeto en esa relación?, ¿qué lugar ocupa en la vida de ese sujeto adicto ese objeto, esa droga, esa persona etc?.

En las adicciones nos encontramos con mecanismos de evitación: el sujeto “evita” enfrentarse con el dolor, con sus emociones, consigo mismo. El consumo aparece en principio como una SOLUCIÓN INTENTADA. Frente a la escasés de recursos saludables y ante la oferta de droga o, por el hecho de haber aprendido patrones lógicos de consumo que promueve la sociedad, busca en el afuera calmarse, evitarse y, en ocasiones, fundamentalmente en la adolescencia- encontrar una identidad, que resulta fallida; aveces, “SER ADICTO” es ser alguien…. Al intentar varias veces esta misma solución, el sujeto queda “atrapado”, cada vez más se aleja de sí mismo y, al perderse la oportunidad de experienciar, le teme a sus propias emociones. Lo mismo ocurre a nivel cognitivo; el sujeto le “atribuye” al objeto en cuestión características que no le son propias, lo coloca en un lugar supremo, así, escuchamos decir de un adicto a las drogas: “si no estoy consumido no puedo….”, o, de una mujer codependiente con respecto a su pareja: “si lo dejo/ si me deja no sé que puede pasarme, mi vida no tendría sentido”.

La angustia que se teme se hace cada vez más insoportable, al mismo tiempo que crece la desesperación al comenzar a darse cuenta de la esclavitud relacional en la que el adicto se encuentra.

La esclavitud relacional con el objeto se observa además, en todo lo que el adicto va perdiendo: otras relaciones, actividades, dinero, salud psicofísica y, como ya mencionamos, la posibilidad de experienciarse; de estar con uno y desde ahí con los otros.

En la adicción o fuera de ella, el adicto sabe que hay angustia. En algún momento tendrá que elegir si la transita, y de este modo desarrolla mecanismos saludables y fortalezas o, de lo contrario, empeorará su situación.

Darse cuenta de esto es el primer paso para solicitar ayuda. Es importante destacar que se trata de un proceso. El adicto se miente así mismo, piensa que va a poder solo o minimiza la adicción diciendo que no es tal, se inventa excusas y justificaciones y se las cree. Muchas veces, solo tras “tocar fondo” comienza la demanda de tratamiento.

La familia (o red afectiva) del sujeto con problemática de dependencia cumple un rol fundamental en acompañarlo tanto en el proceso del “darse cuenta” como a lo largo del tratamiento. De no hacer este trabajo, la familia, aún con la mejor de las intenciones, termina sosteniendo la problemática. Lo cual ocurre con importante frecuencia, ya que son parte también de los patrones relacionales que ocurren en el contexto próximo del adicto, siendo el mismo, en general, un emergente. Por tal razón, aún cuando el miembro de la familia con problemática de dependencia no ha comprendido aún o no se siente preparado para iniciar un proceso terapéutico, los demás miembros pueden ser quienes lo inicien, de modo de ir, no solamente comprendiendo el padecimiento del miembro sintomático, sino también el propio a la vez que van aprendiendo nuevas pautas de relación, más saludables, para cada miembro en particular y la familia en general.

Por: Lic. Natalia María Montero

Nuestro Departamento de Adicciones depende del Departamento (más amplio) de Asistencia de la Escuela Sistémica Argentina.

Constituido como tal hace 8 años nos dedicamos a la formación de profesionales, a la prevención y a la asistencia clínica de los sujetos con problemáticas adictivas desde un abordaje sistémico.

Nuestro Equipo Terapéutico cuenta con psicólogos, operadores socioterapéuticos, psiquiatras y talleristas, todos especializados en la problemática Contamos, además, con una trabajadora social para aquellos casos que se requiere.

Es de destacar, que el equipo terapéutico se reúne todas las semanas a fin de evaluar estrategias y que cuenta con un <em>supervisor externo</em>.

Señalamos además, que la Fundación Niños de Argentina, de la que dependemos, desde el año 2009 tiene convenio con el Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bajo la coordinación de la Dirección General de Políticas Sociales en Adicciones a fin de hacer efectivo el funcionamiento de “Casa Faro”, institución que aloja a niñas/os y adolescentes con problemáticas psicosociales y en estado de vulneración de derechos con la finalidad de lograr una adecuada Reinserción Social.

Entendemos la problemática de las adicciones como un emergente donde confluyen factores individuales, familiares y sociales.

 

Ubicados en un paradigma sistémico buscamos el ¿para qué? de la conducta adictiva, ¿qué busca el sujeto en ese objeto o en esa relación de la que termina dependiendo?.

 

El hacernos estas preguntas no excluye una mirada con respecto a la historia del sujeto, al contrario, buscamos y trabajamos también sobre la misma a fin de evaluar los patrones comunes entre la historia y el presente, tanto del individuo como a nivel familiar.

 

Nuestro foco es la conducta adictiva, con los vectores cognitivos y emocionales que también estén en juego, en tanto entendemos que las relaciones de dependencia no se establecen sólo con sustancias psicotóxicas. Se puede ser ADICTO a cualquier cosa: sean objetos, conductas, personas y también drogas.

 

Por último, destacamos la importancia que el sujeto que realice tratamiento lo haga en un dispositivo ambulatorio a fin de realizar el proceso junto a sus redes de contención (familias- amigos etc) y desenvolviéndose en ámbitos sociales más amplios en forma gradual y dentro de un encuadre donde sea cuidado. Por tal razón, al realizar las entrevistas de admisión, consideramos siempre esta modalidad como de primera elección, con excepción de aquellas personas que evaluemos se encuentren en riesgo de vida y/o no se adapten al dispositivo.

Nuestra modalidad de abordaje es Ambulatoria, sin embargo, de acuerdo a la evaluación diagnóstica y considerando si el sujeto necesita o no un dispositivo de mayor contención, se distinguen:

 

  • Ambulatorio común: se refiere a un encuadre de tratamiento donde se brinda psicoterapia individual, familiar, evaluación psiquiátrica y psicoterapia de grupo con frecuencia semanal.
  • Ambulatorio Intensivo: Además de las prestaciones señaladas en el dispositivo anterior, esta modalidad -contemplada en las situaciones que se requiera de mayor contención- consiste en la asistencia diaria de lunes a viernes en el horario de 09:00 a 13:00 a la institución, donde se realizan diferentes grupos psicoterapéuticos, comunitarios y talleres.

 

Debido a la importancia que damos al trabajo conjunto con las familias y/o referentes afectivos de los sujetos en tratamiento, además de las sesiones de psicoterapia familiar se realiza, para ambos dispositivos, reuniones de familiares con frecuencia quincenal.

 

Señalamos que brindamos atención no sólo a personas con problemáticas de consumo de drogas y alcohol sino también a aquellas personas que padezcan cualquier tipo de dependencia, como ser al juego y a las relaciones emocionales (codependencia), entre otras. Luego de las entrevistas diagnósticas se indicará el abordaje particular que se requiera.

Nombre (*)

Email (*)

Telefono (*)

Consulta